La prueba de Matemáticas científicas en Cataluña ha provocado una fuerte polémica tras registrar una de las notas medias más bajas de los últimos años. Alumnos, padres y docentes piden revisar un examen que muchos consideran excesivamente largo y determinante para el futuro universitario.
La Selectividad siempre deja nervios, lágrimas y alguna que otra discusión. Pero este año, en Cataluña, el examen de Matemáticas científicas de la PAU ha ido mucho más allá de la tensión habitual. La prueba se ha convertido en el centro de una polémica educativa después de que la nota media de la asignatura cayera hasta el 4,18, frente al 6,12 registrado el año anterior.
El dato ha generado inquietud entre alumnos, familias y profesores, no solo por el suspenso medio, sino por las consecuencias que puede tener en el acceso a carreras universitarias muy demandadas, especialmente en el ámbito científico, sanitario y tecnológico. Para muchos estudiantes, unas décimas pueden marcar la diferencia entre entrar o no en el grado que llevan años preparando.
La polémica no llega en un contexto de malos resultados generales. De hecho, según los datos publicados por la Generalitat, el 95,68% de los estudiantes que se presentaron a la fase de acceso superaron las PAU 2026, con una nota media global de 6,403. En total, aprobaron 33.145 alumnos.
Precisamente por eso, la caída en Matemáticas ha llamado aún más la atención. Mientras el conjunto de la prueba mantiene cifras elevadas de aprobados, esta asignatura se ha desmarcado con una media especialmente baja. La pregunta que se hacen ahora muchas familias es evidente: si el rendimiento general ha sido bueno, ¿qué ocurrió exactamente con Matemáticas?
“No era solo difícil, era demasiado largo”
Buena parte de las quejas no se centran únicamente en la dificultad del contenido, sino en la longitud del examen y en el tiempo disponible para resolverlo. Estudiantes y docentes han señalado que los ejercicios eran extensos y que muchos alumnos no pudieron terminar la prueba en condiciones normales.
Esa percepción ha alimentado la sensación de agravio. Para quienes habían preparado la asignatura durante meses, el problema no habría sido enfrentarse a preguntas exigentes, sino a una prueba que, según denuncian, no permitía demostrar adecuadamente los conocimientos adquiridos.
La situación ha movilizado a familias y estudiantes, que han impulsado una petición colectiva para solicitar la revisión del examen. Según publicó El País, la iniciativa superó las 1.100 firmas en menos de 24 horas, reflejo de la preocupación generada entre los afectados.
El miedo a quedarse fuera por una sola prueba
La PAU no es un examen cualquiera. Es el último paso antes de la universidad y, en muchos casos, el filtro que ordena el acceso a los grados más competitivos. Medicina, Ingeniería, Matemáticas, Física, Biotecnología, Arquitectura o dobles grados de alta demanda pueden depender de márgenes mínimos.
Por eso, una mala nota en Matemáticas puede tener un impacto mayor que el puramente académico. Puede alterar la nota de admisión, modificar la lista de opciones universitarias de un alumno e incluso obligarle a cambiar de ciudad, de universidad o de carrera.
Ahí está el verdadero núcleo emocional de esta noticia. No se trata solo de un examen difícil. Se trata de miles de estudiantes que sienten que una prueba concreta puede haber condicionado injustamente años de esfuerzo.
La administración defiende el sistema, pero reconoce la preocupación
Desde el ámbito institucional se ha defendido que el modelo de examen no introdujo cambios metodológicos relevantes. Sin embargo, la propia polémica ha obligado a poner el foco en los criterios de corrección, la estructura de la prueba y el equilibrio entre exigencia académica e igualdad de oportunidades.
Los estudiantes que no estén conformes con su calificación pueden solicitar revisión dentro del calendario oficial previsto por la Generalitat. Para la convocatoria ordinaria, el plazo de solicitud de revisión está fijado los días 25, 26 y 29 de junio, hasta las 14.00 horas del último día, y los resultados de revisión se publicarán el 7 de julio.
Ese calendario será clave para muchos alumnos. De la revisión pueden depender cambios de nota, reclamaciones individuales y, sobre todo, la tranquilidad de quienes sienten que no pudieron demostrar lo que realmente sabían.
Un debate que va más allá de Cataluña
Aunque la polémica se ha producido en Cataluña, el debate afecta a todo el sistema de acceso universitario. Cada año, miles de alumnos se juegan su futuro en pruebas que deben combinar dificultad, objetividad, equidad y comparabilidad.
La pregunta de fondo no es si la PAU debe ser exigente. Debe serlo. La universidad necesita garantías académicas y los grados con alta demanda requieren procesos rigurosos. La cuestión es otra: hasta qué punto un examen puede ser tan determinante si existe la percepción de que su dificultad, extensión o planteamiento no han sido equilibrados.
La Selectividad tiene que medir conocimientos, competencias y madurez académica. Pero también debe transmitir confianza. Cuando una prueba genera una caída tan brusca en una materia concreta y tantas quejas concentradas, el sistema tiene la obligación de escuchar, revisar y explicar.
La generación que llegó agotada al examen más importante
Para los alumnos, esta polémica llega después de un curso especialmente intenso. Segundo de Bachillerato ya es, por sí mismo, una carrera de fondo. Clases, simulacros, exámenes, academias, presión familiar, notas de corte y miedo a fallar. La PAU no empieza el día del examen: empieza mucho antes, en cada tarde de estudio y en cada renuncia.
Por eso la reacción ha sido tan fuerte. Porque detrás de cada reclamación no hay solo una nota. Hay estudiantes que soñaban con una carrera concreta. Hay padres que han visto a sus hijos estudiar hasta tarde. Hay profesores que sienten que sus alumnos sabían más de lo que el examen les permitió demostrar.
Y hay una generación que se enfrenta a una de las primeras grandes lecciones de la vida adulta: a veces, el esfuerzo no siempre se mide de forma perfecta.
La revisión decidirá si la polémica se queda en queja o cambia algo
Ahora, todas las miradas están puestas en el proceso de revisión. Si las calificaciones apenas cambian, la polémica podría continuar en forma de debate público sobre el diseño de la prueba. Si se detectan errores, desajustes o criterios especialmente duros, el caso podría adquirir todavía más relevancia.
En cualquier caso, el examen de Matemáticas de la PAU catalana ya ha conseguido algo: abrir una conversación incómoda pero necesaria sobre cómo se evalúa a los alumnos en el momento más decisivo de su etapa preuniversitaria.
Porque la exigencia es imprescindible. Pero la confianza también.
Y cuando miles de estudiantes sienten que un examen no ha medido justamente lo que sabían, la respuesta no puede ser solo estadística. Tiene que ser también humana.
