Hay decisiones que no parecen importantes hasta que miras atrás. Una carrera. Una ciudad nueva. Una noche que empieza sin plan. Una persona que acabas de conocer. Una conversación que no tuviste porque “no hacía falta”.
La universidad suele contarse como una etapa de libertad: nuevos amigos, más independencia, fiestas, primeras relaciones adultas, descubrimiento personal. Y sí, también sexo. Pero el debate serio no debería ser si los universitarios tienen relaciones sexuales. Eso ya lo sabemos. La pregunta importante es otra: ¿se están cuidando lo suficiente?
La respuesta, según los estudios disponibles, es incómoda.
Un trabajo publicado en Sexuality Research and Social Policy con 1.451 estudiantes universitarios españoles de entre 18 y 26 años encontró que el 87% había tenido relaciones con penetración vaginal y el 20,4% con penetración anal. El estudio también detectó uso inconsistente del preservativo, consumo de alcohol o drogas antes de encuentros sexuales, ITS, problemas sexuales y experiencias de victimización.
Es decir: el sexo universitario no es una anécdota. Forma parte de la vida de muchos jóvenes. Y precisamente por eso no puede tratarse como un juego sin consecuencias.
El problema no es el sexo. Es la falsa sensación de control
A los 18, 19, 20 o 21 años, muchas personas ya tienen información básica: saben qué es un preservativo, han oído hablar de las ITS y conocen métodos anticonceptivos. Pero saber algo en teoría no significa aplicarlo en una situación real.
Porque la realidad no ocurre en una charla de tutoría. Ocurre en una fiesta, en un piso compartido, en una residencia, después de beber, con presión social, con deseo, con vergüenza o con miedo a “cortar el momento”.
Ahí es donde muchas decisiones se vuelven más frágiles.
Un estudio de Fad Juventud y el Centro Reina Sofía, realizado con 1.200 jóvenes españoles de 16 a 29 años, señala que casi el 70% de jóvenes ha mantenido relaciones sexuales tras consumir alcohol. Además, el consumo frecuente antes del sexo multiplica los riesgos: entre quienes consumen sustancias frecuentemente antes de tener relaciones, el 33,3% declaró haber vivido embarazos no deseados y el 30,2% haber contraído ITS, frente al 4,6% y 4,8% del conjunto de jóvenes.
El dato no debería usarse para juzgar a nadie. Debería servir para entender algo básico: cuando baja la claridad, sube el riesgo.
Públicas, privadas, religiosas y no religiosas: lo que sí se puede decir
Hablar de sexo según el tipo de universidad exige prudencia. No hay evidencia sólida en España que permita afirmar, de forma general, que en las universidades públicas se tenga más sexo que en las privadas, ni que en las confesionales se tenga menos que en las no confesionales.
Lo que sí cambia es el contexto.
En una universidad pública, suele haber más diversidad social, territorial y económica. El alumnado puede venir de muchos entornos distintos, y eso genera formas variadas de relacionarse. Pero diversidad no significa automáticamente más actividad sexual ni más riesgo.
En una universidad privada, los círculos pueden ser más cerrados, el campus más controlado o la vida social más vinculada a grupos concretos. Pero eso tampoco garantiza más prudencia. El riesgo no desaparece porque el entorno parezca más ordenado.
En una universidad con ideario religioso, puede existir un discurso institucional más conservador sobre sexualidad. Sin embargo, eso no significa que los estudiantes no tengan relaciones. Un estudio estadounidense sobre religión y “hookups” en la universidad observó que la religiosidad personal influía más que la etiqueta institucional del centro; incluso estudiar en una institución religiosa no implicaba necesariamente menos encuentros sexuales casuales.
En una universidad no confesional, puede haber más naturalidad para hablar de diversidad, consentimiento o salud sexual. Pero la apertura cultural tampoco basta si no hay educación práctica, acceso a recursos y conversaciones reales.
La conclusión es sencilla: el tipo de universidad puede influir en el ambiente, pero no sustituye la responsabilidad personal.
La edad más delicada: de los 18 a los 24
La etapa universitaria coincide con una edad clave. Entre los 18 y los 24 años se mezclan libertad, curiosidad, nuevas relaciones, primeras decisiones adultas y, muchas veces, una percepción baja del riesgo.
Los datos oficiales en España muestran que las ITS siguen creciendo. En 2024 se notificaron 41.918 infecciones por clamidia, 37.257 casos de infección gonocócica, 11.930 casos de sífilis y 1.996 de linfogranuloma venéreo. El Instituto de Salud Carlos III señala además mayor afectación en personas menores de 25 años, especialmente en gonorrea y clamidia.
Esto no significa que todos los jóvenes estén actuando mal. Significa que hay una parte de la realidad que no se puede ignorar: las ITS no preguntan si estás en una relación seria, si estudias en una pública o privada, si la persona “parece sana” o si la noche fue especial.
Muchas infecciones pueden no dar síntomas al principio. Por eso la prevención no puede depender de la intuición.
El dato que debería cambiar la conversación
Otro estudio sobre universitarios españoles, publicado en Reproductive Health, encontró carencias de conocimiento sobre sexualidad responsable, anticoncepción e ITS. También señaló que una proporción relevante de jóvenes mantenía relaciones sin protección anticonceptiva o utilizaba métodos poco fiables, como la marcha atrás.
Ese es uno de los grandes problemas: muchas personas no se exponen al riesgo porque quieran hacerlo, sino porque confían demasiado en soluciones débiles.
La marcha atrás no protege frente a ITS.
Conocer a alguien desde hace semanas no equivale a conocer su salud sexual.
Tener pareja no elimina automáticamente el riesgo si no ha habido pruebas previas.
Usar preservativo “casi siempre” significa que alguna vez no se usa. Y esa vez también cuenta.
La prevención no debería verse como una falta de confianza. Debería verse como una forma adulta de cuidar lo que está pasando.
Consentimiento: la precaución que no cabe en la cartera, pero debería estar siempre
Cuando se habla de sexo seguro, muchas veces se piensa solo en preservativos o anticonceptivos. Pero la primera forma de seguridad es el consentimiento.
Consentir no es no resistirse.
Consentir no es haber bebido y dejarse llevar.
Consentir no es aceptar una cosa y que eso autorice todo lo demás.
Consentir no es sentir presión para no decepcionar a otra persona.
La Ley de Convivencia Universitaria en España obliga a universidades públicas y privadas a contar con normas de convivencia y medidas de prevención y respuesta frente a violencia, discriminación y acoso sexual. También contempla procedimientos específicos, acompañamiento y protección de las personas afectadas.
Esto importa porque la universidad no es solo un lugar donde se estudia. Es un espacio donde se convive. Y convivir también significa aprender a respetar límites.
Lo que nadie debería negociar
La forma más inteligente de vivir la sexualidad universitaria no es renunciar al deseo. Es no poner tu salud, tu tranquilidad o tu futuro emocional en manos de la improvisación.
Hay decisiones que deberían ser básicas:
Usar preservativo o barreras de protección cuando exista riesgo de ITS.
Hablar antes de anticoncepción, no después del susto.
Hacerse pruebas de ITS si hay nuevas parejas o relaciones sin protección.
No decidir bajo presión, alcohol o sustancias.
Aceptar que parar también es una opción.
Entender que cuidarse no corta el momento: lo hace más seguro.
La madurez no está en tener más experiencias. Está en poder vivirlas sin miedo después.
Cuidarse también es libertad
Durante años, la conversación sobre sexo joven ha oscilado entre dos extremos: el escándalo o la banalización. O se dramatiza como si todo fuera peligro, o se vende como si nada tuviera consecuencias.
Ninguna de las dos miradas ayuda.
El sexo en la universidad existe. Puede ser parte del descubrimiento, del afecto, del placer y de la construcción de una vida adulta. Pero solo merece la pena cuando no deja detrás ansiedad, dudas, infecciones, embarazos no deseados o experiencias que una persona no eligió con claridad.
La libertad no es hacer como si nada pudiera pasar.
La libertad es saber qué puede pasar y decidir cuidarte igual.
Porque una noche puede olvidarse. Una decisión tomada sin precaución, no siempre.
Estudios y fuentes consultadas
- “Sexual Behavior and Sexual Risks Among Spanish University Students: a Descriptive Study of Gender and Sexual Orientation” — Ángel Castro y Pablo Santos-Iglesias, publicado en Sexuality Research and Social Policy. Estudio con 1.451 estudiantes universitarios españoles de 18 a 26 años.
- “Consumos de sustancias y relaciones sexuales juveniles. Un estudio sobre las relaciones entre drogas y sexo en la juventud española” — Juan Carlos Ballesteros Guerra e Ignacio Megías Quirós, Centro Reina Sofía de Fad Juventud, 2025. Encuesta nacional a 1.200 jóvenes de 16 a 29 años.
- “Vigilancia Epidemiológica de las Infecciones de Transmisión Sexual en España, 2024” — Instituto de Salud Carlos III y Ministerio de Sanidad. Informe oficial sobre clamidia, gonorrea, sífilis y otras ITS en España.
- “Factors related to healthy sexual and contraceptive behaviors in undergraduate students: a cross-sectional study” — Fátima León-Larios y Juana Macías-Seda, publicado en Reproductive Health. Investigación sobre conducta sexual, anticoncepción, alcohol, drogas y conocimiento sobre ITS en universitarios.
- “Hooking Up at College: Does Religion Make a Difference?” — Amy M. Burdette, Terrence D. Hill, Christopher G. Ellison y Norval D. Glenn, publicado en Journal for the Scientific Study of Religion. Estudio sobre religión, universidades católicas y encuentros sexuales casuales en contexto universitario estadounidense.
- Ley 3/2022, de 24 de febrero, de convivencia universitaria — Boletín Oficial del Estado. Marco legal español sobre convivencia, prevención de acoso sexual, violencia y discriminación en universidades públicas y privadas.
